dijous, 16 de juny del 2016

TEATRALIZACIÓN

TEATRALIZACIÓN

A última hora de la tarde, tía Adela y las primas de Javier regresaron a Villa Candelaria. Javier va en busca de Violeta, la lleva casi a rastras a su dormitorio y le cuenta todo lo que había pasado. Violeta escucha en silencio, muy seria, lee el texto escrito en los márgenes del Frankenstein y, finalmente pregunta:
VIOLETA. ¿Ya te lo crees?
JAVIER. ¿El qué, lo del fantasma? ¡Pues claro que me lo creo! ¿No te he dicho que dejé el libro sobre la mesilla? Después, me acerqué a la ventana, noté que olía a nardos, me di la vuelta y, ¡zas!, el libro ya no estaba en la mesilla, sino sobre la cama, abierto justo por donde está escrito a mano. ¡Es la repera! (Alterado y con problemas para dejar de hablar.) Es lo más increíble que me ha pasado nunca. Sólo aparté la mirada unos segundos, quince como mucho, y el libro fue volando de un lado a otro. Tiene que ser algo sobrenatural, tenías razón. Nunca he visto...
VIOLETA. (Interrumpiendo mientras hojea el libro.) ¿Hay algo más escrito?
JAVIER. (Sacudiendo la cabeza.)  No. Lo he comprobado página por página y sólo he encontrado ese texto. Oye, ¿no deberíamos contárselo a tus padres?
VIOLETA. (Desconfiada.) ¿Contarles qué? ¿Que hay un fantasma en la casa? Vale, díselo tú, que a mí me da la risa. Ellos no la ven Javier, ni la oyen, ni huelen su perfume. Pensarían que les estamos tomando el pelo, o que nos hemos vuelto locos.
JAVIER. (Dudoso.) Bueno... entonces, ¿qué hacemos? Porque no me apetece vivir en una casa encantada, ¿sabes?
VIOLETA. (Alzando una ceja.) ¿Tienes miedo?
JAVIER. No. Tengo miedo cuando voy al dentista. Ahora estoy acojonado, que es muy distinto. ¿Es que no has entendido lo que te he dicho? Hay un fantasma, ¡demonios!, y mueve las cosas de un lado a otro. Eso no es normal, caray... Por ejemplo, en mi casa de Madrid no hay fantasmas, ni en las casas de mis amigos. La gente normal no suele tener espíritus en el cuarto de los invitados, ¿sabes?...
VIOLETA. Vale, vale, pero tranquilízate. He vivido siempre aquí y nunca me ha pasado nada. Es un fantasma inofensivo. (Contemplando el escrito de Beatriz Obregón.) Lo que deberíamos preguntarnos es por qué quiere ella que leamos esto.
JAVIER. ¿Para que nos caguemos de miedo?
VIOLETA. No digas tonterías. Beatriz quiere decirnos algo.
JAVIER. Pues podría mandarnos un telegrama.
(Violeta ignorando su comentario examina otra vez el ejemplar de Frankenstein.)
VIOLETA. Según la fecha que hay junto a la firma, Beatriz leyó la novela en 1901, el mismo año que desapareció...
(VIOLETA se sumé en una profunda reflexión. JAVIER se sienta en la cama, al lado de Violeta, coge el libro y vuelve a leer el texto escrito en el margen.
JAVIER. Pues no se me ocurre qué demonios pretende decirnos tu tía-bisabuela. Vale, sí estaba muy triste, que se sentía diferente al resto del mundo y que se moría de ganas de largarse. Pero eso ya lo sabíamos, ¿no? A fin de cuentas, ese mismo año se fue de Santander.
VIOLETA. Lo único que sabemos es que desapareció. Pero eso no significa que se fuera de la ciudad. Quizá la mataron.
JAVIER. ¿Qué?...
VIOLETA. Beatriz desapareció el día antes de su boda, durante la noche que va del nueve al diez de junio. Bueno, pues puede que alguien entrara en su habitación aquella noche y, después de asesinarla, robara el collar. Luego, el asesino se deshizo del cadáver.
JAVIER. Y ahora, sesenta años después, el fantasma de Beatriz se nos aparece para que resolvamos el misterio de su muerte. Demasiado novelero, ¿no?
VIOLETA. ¿Por qué? Había un móvil: las Lágrimas de Shiva. El collar estuvo expuesto en el ayuntamiento, así que todo el mundo conocía de su existencia. Cualquiera pudo robarlo. De todas formas, sólo son suposiciones. Pudo suceder cualquier cosa. (Señalando el libro.) Pero estoy segura de que Beatriz pretende decirnos algo, y creo que la clave está en el último párrafo.
(JAVIER baja la mirada y relee las últimas líneas : << Esta mañana, al pasar por delante de Las Herrerías, creí ver el Savanna, pero no fue así. Los ojos me engañaron y me sentí muy triste.>>)
JAVIER. ¿Qué es <<el Savanna>>?
VIOLETA. No tengo ni idea. Y tampoco conozco ningún lugar que se llame Las Herrerías...
JAVIER. (Dudoso.) Bueno, ¿qué vamos a hacer?
VIOLETA. (Insegura.) No sé. Intentar averiguar qué es el Savanna. 

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